La Predicación
Zarandeados pero sostenidos
31 »Simón, Simón, mira que Satanás los ha reclamado a ustedes para zarandearlos como a trigo; 32 pero Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos».
33 Y Pedro le dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir adonde vayas, tanto a la cárcel como a la muerte». 34 Pero Jesús le dijo: «Te digo, Pedro, que el gallo no cantará hoy hasta que tú hayas negado tres veces que me conoces».
35 Y Él les dijo a todos: «Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿acaso les faltó algo?». «No, nada», contestaron ellos. 36 Entonces les dijo: «Pero ahora, el que tenga una bolsa, que la lleve consigo, de la misma manera también una alforja, y el que no tenga espada, venda su manto y compre una. 37 Porque les digo que es necesario que en Mí se cumpla esto que está escrito: “Y con los transgresores fue contado”; pues ciertamente, lo que se refierea Mí, tiene su cumplimiento».
38 Y ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas». «Es suficiente», les respondió.
39 Saliendo Jesús, se encaminó, como de costumbre, hacia el monte de los Olivos; y los discípulos también lo siguieron. 40 Cuando llegó al lugar, les dijo: «Oren para que no entren en tentación».
41 Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra, y poniéndose de rodillas, oraba, 42 diciendo: «Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya». 43 Entonces se apareció un ángel del cielo, que lo fortalecía. 44 Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y Su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra.
45 Cuando se levantó de orar, fue a los discípulos y los halló dormidos a causa de la tristeza, 46 y les dijo: «¿Por qué duermen? Levántense y oren para que no entren en tentación».
47 Mientras todavía estaba Él hablando, llegó una multitud, y el que se llamaba Judas, uno de los doce apóstoles, iba delante de ellos, y se acercó para besar a Jesús. 48 Pero Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?». 49 Cuando los que rodeaban a Jesús vieron lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿heriremos a espada?».
50 Y uno de ellos hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. 51 Pero Jesús dijo: «¡Deténganse! Basta de esto». Y tocando la oreja al siervo, lo sanó. 52 Entonces Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos que habían venido contra Él: «¿Cómo contra un ladrón han salido con espadas y palos? 53 Cuando estaba con ustedes cada día en el templo, no me echaron mano; pero esta hora y el poder de las tinieblas son de ustedes».
54 Después de arrestar a Jesús, se lo llevaron y lo condujeron a la casa del sumo sacerdote; y Pedro los seguía de lejos. 55 Después que encendieron una hoguera en medio del patio, y de sentarse juntos, Pedro se sentó entre ellos. 56 Una sirvienta, al verlo sentado junto a la lumbre, fijándose en él detenidamente, dijo: «También este estaba con Él». 57 Pero él lo negó, diciendo: «Mujer, yo no lo conozco».
58 Un poco después, otro al verlo, dijo: «¡Tú también eres uno de ellos!». «¡Hombre, no es cierto!», le dijo Pedro. 59 Pasada como una hora, otro insistía, diciendo: «Ciertamente este también estaba con Él, pues él también es galileo». 60 Pero Pedro dijo: «Hombre, yo no sé de qué hablas». Al instante, estando él todavía hablando, cantó un gallo.
61 El Señor se volvió y miró a Pedro. Entonces Pedro recordó la palabra del Señor, de cómo le había dicho: «Antes que el gallo cante hoy, me negarás tres veces». 62 Y saliendo fuera, lloró amargamente.
Lucas 22:1-30
Idea principal: cuando los discípulos fallan, Jesús los guarda y los restaura.
1. Jesús advierte a discípulos débiles (Lucas 22:31-38)
Jesús advierte a Pedro que Satanás zarandeará a los discípulos y predice la futura negación de Pedro, mientras le asegura que su fe no fallará definitivamente.
2. Jesús fortalece a discípulos débiles por medio de la oración (Lucas 22:39-46)
Jesús ora con gran angustia y se somete a la voluntad del Padre, mientras instruye a los discípulos que oren para que no entren en tentación.
3. Jesús restaura a discípulos débiles después del fracaso (Lucas 22:54-62)
Pedro niega a Jesús tres veces, pero cuando Jesús lo mira, Pedro recuerda la advertencia y llora amargamente.
4. Aplicación
- Si eres joven y piensas que el fracaso está muy lejos, este texto te advierte.
- Si eres mayor y llevas el dolor de pensar: “Para este punto de mi vida yo pensaba que sería más fuerte,” este texto también es para ti.
- Si cargas con un arrepentimiento reciente, una vergüenza antigua, o el peso silencioso de haber comprometido tu fe, escucha esta buena noticia:
Cuando los discípulos fallan, Jesús los guarda y los restaura.
Satanás puede zarandearte, pero Jesús te sostendrá.